El pulpo Paul y el periodismo gilipollas

Definitivamente, algunos periodistas se han vuelto gilipollas y, además, están decididos a contagiar su idiotez al público sea como sea. El pulpo Paul, supuesto predictor de los resultados de la selección alemana de fútbol en el Mundial, lo ha demostrado. Tengo en estos momentos ante mí un veintena de despachos de agencia sobre el animal, a cada cual más tonto. En uno de ellos, un colega me descubre que “en realidad el cefalópodo no hace predicciones”, conclusión a la que ha llegado tras consultar a un biólogo peruano que “se mostró escéptico sobre las dotes de vidente del mediático pulpo”. ¡Impresionante!

Lo de Paul empezó como una broma, una simpática maniobra publicitaria del acuario Vida Marina de Oberhausen, y en eso tenía que haber quedado. Es cierto que algunos medios se lo toman a cachondeo, pero la desproporción del tiempo y el espacio dedicados al animalito me hace dudar de muchos otros. No entiendo, por ejemplo, que varias cadenas de televisión hayan conectado esta mañana en directo con el tanque del molusco para ver qué mejillón prefería, el de la caja con la bandera holandesa o el de la que tenía la española, y que le hayan dedicado amplios reportajes en sus informativos. Y la misma perplejidad me produce la cobertura que al almuerzo del bicho han dado medios impresos, digitales y radios. ¿Acaso no hay noticias? No digo noticias más importantes, sino simplemente noticias.

Reporteros gráficos esperando a que Paul se pronuncie sobre el resultado de la final del Mundial. Foto: Reuters.

Paul no predice el futuro. Es una obviedad, lo sé; pero parece obligado recordarlo cuando algunos periodistas, en su alocada carrera hacia el más absurdo todavía, recurren a biólogos para intentar explicar por qué el pulpo ha preferido en las dos últimas ocasiones el mejillón de la caja con la bandera española. Ningún ser vivo adivina el futuro y quien diga lo contrario miente. Incluidos, por supuesto, todos esos adivinos que se ganan la vida engañando a incautos con consultas telefónicas o de cualquier otro tipo cuando, si de verdad vieran el porvenir, vivirían en un paraíso tropical gracias a su pelotazos en la Bolsa o los juegos de azar.

El pulpo alemán ha acertado hasta ahora el 100% de los resultados sobre los que se ha pronunciado en este Mundial, esgrimen los defensores de sus poderes extraordinarios. Presupongamos que no ha habido ni trampa ni cartón. ¿Y qué? Paul tiene en cada elección una probabilidad de éxito del 50%, y la serie -seis partidos hasta el momento- es demasiado corta como para significar nada. ¿O es que si usted tira una moneda al aire cinco veces y acierta las cinco si va a ser cara o cruz se considera un vidente? Cuantas más veces se sometan a prueba las habilidades del cefalópodo, más se aproximará su porcentaje de aciertos al 50%, al azar. Claro que para entonces nadie hablará ya de él ni preguntará al biólogo de guardia, TVE se olvidará de que es un servicio público y no emitirá sus vaticinios en directo, como ha hecho hoy, y Cuatro encontrará otra chorrada con la que abrir su informativo.

A Paul le han salido en las últimas horas competidores por todas partes, según me he enterado gracias al imprescindible servicio de Efe y los informativos de Telecinco y Cuatro. Así, en Singapur está el periquito Mani, en Holanda la pulpo Pauline y en Turquía el pulpo Maradona, entre otros. Yo me quedo con el reno Patxi, la mascota vidente de El Correo TV: ¿que los juguetes mecánicos no tienen poderes paranormales? Si no me creen, pidan a un juguetero que les explique por qué Patxi ha elegido en la prueba de rigor la bandera española y no la holandesa.