¿Está seguro de que a usted le funciona?

“A mí me funciona”. Es la respuesta habitual de quienes usan la pulsera Power Balance para justificar su actitud. “Es un ejemplo típico de ilusión de causalidad, de falsa relación entre causa y efecto”, indica Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental en la Universidad de Deusto. Su equipo acaba de publicar en el British Journal of Psychology los resultados de un experimento que demuestra que, cuando se presenta información no sesgada de la efectividad de un remedio mágico, se reduce en el público la sensación de que el producto cura.

La ilusión de causalidad se da cuando a una posible causa le sigue un posible efecto y vinculamos ambos erróneamente. Es lo que pasa cuando, en determinadas situaciones, vestimos una prenda o seguimos un ritual convencidos de que, siempre que lo hacemos, nos va bien. En realidad, muchas veces no nos va tan bien, pero tendemos a recordar los éxitos y olvidar los fracasos, algo de lo que se aprovechan los adivinos, los curanderos y los fabricantes de productos milagro.

La detección de causalidad precisa de la contigüidad temporal -dos fenómenos que ocurren seguidos tienden a estar relacionados- y de la contingencia, “que la probabilidad del efecto sea mayor o menor en presencia de la causa, pero nunca igual”, explica la investigadora vizcaína. A menudo, nos conformamos únicamente con la sucesión temporal para atribuir causalidad: “Si nos sentimos mal después de comer algo, inferimos que ha sido la causa y no lo volvemos a tomar. Es un proceder intuitivo que, en un porcentaje alto de las situaciones, da resultados correctos y es muy útil para el día a día”. Pero, cuando realmente necesitamos saber si algo es la causa de algo, debemos tener en cuenta la contingencia.

Una ilusión poderosa

El príncipe Felipe con el parche mágico en el cuello, en agosto en Mallorca. Foto: AFP.La falsa percepción de causalidad está en el origen del éxito de los productos milagro y del curanderismo, indican Matute y sus colaboradores Ion Yarritu y Miguel A. Vadillo en su artículo, titulado Illusions of causality at the heart of pseudoscience (Ilusiones de causalidad en el corazón de la pseudociencia). Y es muy poderosa. Así, aunque se haya demostrado experimentalmente que una pulsera mágica carece de toda efectividad, puede parecernos que funciona y que, gracias a ella, nos duele menos la espalda o dormimos mejor.

¿Hay algún modo de reducir esa ilusión y frenar el avance del pensamiento mágico y la pseudociencia? Los psicólogos vascos han hecho un experimento que demuestra que sí. Para ello, se inventaron los resultados de unas pruebas de un medicamento ficticio que supuestamente curaba una enfermedad también ficticia, y se los presentaron a 108 internautas que visitaron el laboratorio virtual que dirige Matute. “Estudios previos han demostrado que los resultados de un experimento hecho a través de Internet son muy parecidos a los obtenidos en el laboratorio tradicional”, asegura.

Pretendían replicar en los internautas la ilusión de causalidad que se transmite al espectador “a través de anuncios y testimonios de personas que han seguido un tratamiento y se sienten mejor”, algo típico de la teletienda. Además, iban a tratar de reducir esa percepción errónea mediante dos estratagemas: presentando información de lo que pasaba a pacientes que no habían seguido el tratamiento y haciendo a los sujetos una pregunta causal directa: “¿Hasta qué punto crees que el Batatrim -nombre del fármaco ficticio- es la causa de la curación de las crisis de los pacientes que has visto?”. “Sospechábamos que hacer una pregunta así reduciría la ilusión”, indica Matute.

Curanderismo en línea

Crearon dos grupos de 100 pacientes ficticios. En uno, el 80% había seguido el tratamiento y el 20% no; en el otro, al revés. En ambos colectivos, el 80% de los pacientes se sentía al final mejor, lo que implicaba que el medicamento no servía para nada y la dolencia en realidad desaparecía siempre por sí sola. Los investigadores expusieron a 52 internautas a los resultados del primer grupo y a los 56 restantes, a los del segundo. Para cada enfermo, el sujeto veía tres paneles en la pantalla de su ordenador: el primero le informaba de si había tomado la medicina o no (causa presente o ausente); en el segundo se le preguntaba si creía que el paciente iba a sentirse mejor; y el tercero, que aparecía inmediatamente tras responder el anterior, revelaba si se había recuperado.

La ilusión de que el Batatrim curaba la enfermedad se produjo en todos los casos; pero fue mucho menor entre los sujetos expuestos a los resultados del grupo en el que la mayoría de los pacientes no había seguido el tratamiento. “Esto significa que, cuando a la gente le presentas todos los resultados sin sesgos, desciende la ilusión de causalidad. Si las autoridades obligaran a los fabricantes a exponer en sus anuncios información de todos los casos, incluidos los de quienes se sienten mejor sin seguir su tratamiento y no sólo aquéllos en los que está presente el remedio que venden, bajaría el éxito de los productos milagro”. Además, en los dos grupos de internautas se reducía significativamente la ilusión cuando se les preguntaba directamente si creían que el fármaco era la causa de la curación.

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.

La pulsera mágica de la ministra y el parche milagroso del Príncipe

Unas fotos en Palma revelaron en agosto que Felipe de Borbón usaba unos parches de titanio que, dicen, equilibran la energía vital. En octubre, una de las primeras cosas que hizo Leire Pajín, nada más ser nombrada ministra de Sanidad, fue quitarse la Power Balance: la empujaron a ello las numerosas críticas que empezó a recibir en Twitter. Son sólo dos casos de famosos españoles a los que la ilusión de causalidad ha llevado a confiar en productos milagro. Pero hay muchos más: Esperanza Aguirre, Pablo Motos, Patxi López