Cuatro y ‘As’ confían en la grafología para descifrar la personalidad de Mourinho

“Su letra es muy pequeñita, casi no se ve, pero, si nos damos cuenta, todo el trazo es muy vibrante. Esto significa que él va analizando a una velocidad muy rápida y a veces lo que intenta es pasar a la siguiente acción”, decía la grafóloga Irene López de Mourinho ayer en Cuatro y hoy en As. Me alertó de ello ayer Enric Boix, quien indicaba que, aunque la grafología es un tema recurrente en algunos medios, no hay que dejar pasar por alto el disparate. Tiene razón, aunque resulte repetitivo, hay que volver a decir que la grafología tiene el mismo fundamento científico que la quiromancia, que quienes la practican aciertan tanto como los adivinos y que los empresarios que, por ejemplo, confían en ella a la hora de seleccionar personal están tirando su dinero a la basura.

Da igual que se use para atacar a José Luis Rodríguez Zapatero, como hizo en su momento César Vidal, para ensalzar a Fernando Alonso o al entrenador del Real Madrid, para decir lo obvio de tiranos como Franco y Stalin: la grafología, como la morfopsicología, es un timo. Y lo que decía ayer Irene López de Mourinho en Cuatro -“Llaman muchísimo la atención las barras de las t que son altas, excesivamente altas. Esto significa que es una persona con una capacidad de liderazgo abismal”- no se basaba en los rasgos de la escritura del entrenador, sino en su conocimiento del personaje. Los grafólogos nunca han podido probar que son capaces de deducir, en condiciones científicamente controladas, la personalidad de alguien a partir de su escritura. Son como los videntes y los médiums, le cuentan a la gente lo que quiere oír o cosas obvias de famosos camuflándolas en rasgos de la escritura.