El ridículo misterio de la viajera en el tiempo de una película de Chaplin de 1928

El director de cine irlandés George Clarke colgó, el 20 de octubre en YouTube, un vídeo en el que decía haber encontrado a una mujer hablando por un teléfono móvil en los extras incluidos en el DVD de The Circus (El Circo), una película rodada por Charles Chaplin en 1928. “La única conclusión a la que puedo llegar -que estoy seguro de que suena absolutamente ridícula para algunas personas- es que [la mujer] es un viajero del tiempo”, decía el cineasta en la grabación.

Cuando vi por primera vez el vídeo hace casi una semana, me pareció todo demasiado ridículo. ¿Quién iba a creerse que la mujer que pasa delante de la cámara, y por detrás de una cebra de cartón piedra ensillada, tapándose la oreja izquiera con una mano y, aparentemente, hablando es una viajera temporal? Bueno, pues algunos medios lo han hecho: Fox News, por ejemplo, vendió la historia como posible el martes pasado bajo el epígrafe de Ciencia. Y el globo empezó a inflarse, con medios impresos y audiovisuales replicando la historia acríticamente.

Lo cierto es que no hace falta recurrir a viajeros temporales para explicar la escena, que corresponde a imágenes del público que asistió al estreno de The Circus en el Teatro Chino mann de Hollywood. De buenas a primeras, como escribía el jueves Jen Chaney en Celebritology, hay cuatro explicaciones posibles sin echar mano de crononautas: que la mujer está usando algún tipo de audífono; que está utilizando su mano izquierda para amplificar el sonido; que está sujetándose el sombrero; o que está tocándose la cara. Cualquier cosa es posible antes de que estuviera hablando por un móvil porque, como escribió ayer Álvaro Ibáñez, Alvy, en Microsiervos, ¿para qué querrías llevarte un teléfono móvil a 1928 si pudieras viajar en el tiempo… si en esa época no había antenas celulares ni compañías de telefonía móvil?

“Aunque esta teoría fantástica [del viajero temporal] es divertida, con toda probabilidad, la mujer está en realidad usando un audífono. Éste fue inventado en la década de 1920, y en 1928 hubo unos cuantos dispositivos pequeños disponibles, tales como los fabricados por Acousticon, que podrían explicar el aparato en la mano”, indicaba el jueves Micheal Sheridan en The New York Daily News. Al día siguiente, varios medios digitales anglosajnes publicaron que el dispositivo que llevaba la mujer podía ser un audífono patentado por Siemens en 1924. Yo me enteré, una vez más, a través de Celebritology, que colgó el siguiente vídeo que un usuario había subido a YouTube:

Y la viajera en el tiempo se esfumó, aunque en España siguió vendiéndose como auténtica hasta el sábado.

La historia es ridícula de principio a fin y, a la vez, preocupante. ¿Qué pasa en los medios que la han publicado como posible? ¿Se han vuelto algunos periodistas definitivamente locos? ¿Toman a su público por idiota? Hasta hace poco, algo así sólo podía salir en programas como Cuarto milenio, donde Iker Jiménez y su equipo presentaron ya hace cuatro años a un hombre arrollado por un tren como un viajero temporal. Lamentablemente, la lucha por la audiencia hace que el ikerjimenezismo se extienda entre muchos medios, y ya se sabe que, cuando ese tipo de pseudoperiodismo entra por la puerta, el rigor y la credibilidad saltan por la ventana. Y con ellos, no se olviden, se va una parte importante del público. Lectores como Juanjo Teruel Fernández, quien me escribía el sábado desde Valencia, escandalizado por cómo había cubierto la historia el diario Levante.

“La falta de credibilidad. El abandono de la calidad. Si se empieza a hacer diarios demasiado sensacionalistas o demasiados parecidos entre sí, se pierde tirada”, repondía ayer Giovanni di Lorenzo, director del semanario alemán Die Zeit, a una pregunta sobre las razones de la crisis de la Prensa en una entrevista publicada en El País. Publicar estupideces como las de la viajera en el tiempo de la película de Chaplin dándolas por buenas es renunciar al público inteligente, llamarle tonto, y concenarse a luchar por la audiencia con Sálvame y el resto de la telebasura.