El médico líder de los antivacunas actuó de forma “deshonesta” para conectar la triple vírica y el autismo

Andrew Wakefield, el médico británico que sugirió en 1998 en la revista The Lancet que la vacuna triple vírica provoca autismo, actuó al realizar ese estudio “deshonesta e irresponsablemente”, “mostró un cruel desprecio” por el sufrimiento de niños y jóvenes al someterles a pruebas innecesarias, “abusó de su posición de confianza” y provocó el descrédito de la profesión médica, según el Consejo General Médico (GMC) británico. El organismo de control, que no entra a juzgar si sus conclusiones fueron acertadas -extremo que ya ha sido desmontado por otras investigaciones-, ha llegado a ese dictamen después de dos años y medio de pesquisas sobre el comportamiento ético del experto en el estudio cuyos fraudulentos resultados se han traducido en un descenso de las vacunaciones en Reino Unido y Estados Unidos, con el consiguiente aumento de los casos de sarampión, las paperas y la rubéola.

La investigación de Wakefield, basada en sólo doce casos de niños autistas, es el pilar fundamental del movimiento antivacunas. El grupo de sabios destaca que el médico no sólo carecía de la cualificación necesaria para hacer el estudio, sino que además nunca obtuvo autorización del comité de ética del centro en el que trabajaba. Diez de los coautores del artículo original se retractaron en 2004, y la revista The Lancet acabó por poner en duda las conclusiones. Estudios posteriores han descartado cualquier conexión entre la triple vírica y el autismo, y, el año pasado, una investigación del periodista Brian Deer reveló que Wakefield había falsificado los datos del trabajo original para que apuntaran en esa dirección.