‘Más Allá de la Vida': los trucos de los médiums de la tele para simular que se comunican con los muertos

Un médium es un timador que saca dinero a ingenuos haciéndoles creer que es capaz de comunicarse con sus parientes muertos. Existen desde que en 1848 Kate y Maggie Fox -de 11 y 14 años, respectivamente- inventaron la versión moderna del espiritismo en Hydesville, un pueblo del Estado de Nueva York. Las niñas estaban bromeando -era la noche del April Fools Day-, su madre se tragó la broma y una hermana mayor la convirtió en negocio. Poco después, abrieron consulta y recaudaban en cada sesión de espiritismo entre 100 y 180 dólares, el equivalente a entre 2.370 y 4.266 dólares actuales cada noche. Maggie confesó el fraude en 1888; pero nada podía ya parar la bola espiritista, con miles de timadores haciendo negocio -a mediados de la década de 1850, había más de 40.000 médiums sólo en Estados Unidos- y una masa creciente de devotos que llegaba en el país a los 8 millones a finales del siglo XIX. Con el programa Más Allá de la Vida, Telecinco recogerá mañana el testigo de la mayor de las hermanas Fox.

Más Allá de la Vida explota una fórmula vieja en Estados Unidos, la del médium que contacta con los espíritus bajo los focos de la televisión. La protagonista es una dotada británica, Anne Germain, de la escuela de John Edward y James Van Praagh, de quienes ya he hablado aquí con anterioridad. Estos sujetos escenifican sesiones de espiritismo ante auditorios compuestos por decenas de creyentes, personas impresionables que van a un plató porque esperan contactar con algún pariente muerto. El médium se pasea por el escenario y se dirige de vez en cuando a un miembro del público que, invariablemente, acaba creyendo en los poderes del timador y, muchas veces, llorando de emoción. Los trucos son tan burdos, el fraude es tan evidente, que hasta han sido revelados recientemente en una serie de ficción, Leverage, durante un episodio, The future job (El trabajo del futuro), que se centra en el desenmascaramiento de un médium. (No digo falso médium porque no hay ninguno auténtico: sólo hay timadores -en esta categoría entran los más famosos- o personas con problemas psiquiátricos que creen que pueden hablar con los muertos y hasta verlos.) En un momento del episodio, uno de los protagonistas está hundido porque un médium ha adivinado una tragedia que vivió en la infancia -el atropello mortal de un hermano pequeño cuando andaba en bicicleta- y cree, erróneamente, que eso demuestra que no es un charlatán. Sus compañeros le explican que no, que es muy fácil hacer creer a alguien en lo increíble si no está en guardia.

Así engañan a la gente

El médium televisivo parte de la ventaja de que el público que va a sus programas es creyente: todos están allí porque quieren comunicarse con un ser querido fallecido. El presunto dotado, la Anne Germain de turno, dispone de varios trucos para convencer a sus víctimas de que realmente hace lo que dice que hace. El primero es recopilar previamente información de sus interlocutores para devolvérsela como si se la contaran desde el Más Allá. Es algo relativamente fácil en el caso de los famosos, que en la primera entrega de Más Allá de la Vida son el humorista Jorge Cadaval, el escritor Antonio Gala y Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco elevada a los altares catódicos en la desmemoriada España del siglo XXI. En el caso de los ciudadanos de a pie, el médium televisivo recurre a espías entre el público que antes de la grabación del programa recogen información de los asistentes -escuchando sus conversaciones o pidiéndosela directamente- y luego se la transmiten por un auricular.

Esos sistemas de obtención de información se completan con la facilitada directamente por la víctima al charlatán, que éste le devuelve como si se la hubieran transmitido los espíritus. A través de preguntas y comentarios, guiándose por las respuestas conscientes e inconscientes del sujeto, el médium presenta como una revelación desde el Más Allá aquello que, en realidad, sus clientes han contado sin ser totalmente conscientes de ello. Como pueden comprobar en el vídeo de arriba, Edward pregunta y repregunta, dice una cosa y la contraria, no sabe si está hablando con el padre o la tía segunda del interlocutor hasta que éste no se lo confirma… Y, por supuesto, dice obviedades, lo que todo el mundo que va a su consulta o programa quiere oír: que sus difuntos velan por él, que están a su alrededor permanentemente, que saben que les recuerda y les quiere, que quieren sea feliz… Cuando pongo éste y otros vídeos de médiums en mis charlas, siempre hay alguien entre el público -sean escolares o jubilados- que descubre al resto alguno de los trucos del presunto dotados.

Anne Germain aprovecha la parte más vulnerable del ser humano, la que desea que nuestros seres queridos que han muerto sigan existiendo de algún modo, para engañar a sus víctimas y sacarles el dinero. Ahora, en España, con la complicidad de Telecinco. La cadena amiga programó en la madrugada del domingo, en La Noria, una caricatura de debate sobre el asunto como promoción de Más Allá de la Vida. Fue un esperpento porque, entre los participantes, sólo había un escéptico, a pesar de que se vendía desde el punto de vista escenográfico que había tres. No voy a hablar de los participantes que creen en el Más Allá y hasta en el Ratoncito Pérez -uno de ellos debería estar bajo tratamiento psiquiátrico-; pero sí de los que supuestamente defendía el pensamiento crítico. Al lado de la razón, estaban: Fernando L. Frías, Rosa Llopis y José Miguel Gaona, psiquiatra. Ni Llopis ni Gaona demostraron estar a la altura de las circunstancias, lo que era de esperar en ambos. Ella, porque es de profesión polemista -sea eso lo que sea- y, al margen de alguna obviedad, no aportó nada al debate; él porque, aunque es psiquiatra, es colaborador de Iker Jiménez en sus espacios de radio y televisión. De hecho, Gaona es el individuo que se fue a grabar psicofonías a Dachau para la factoría Jiménez-Porter y que vendió en abril en Cuarto Milenio que había captado un lamento en la cámara de gas del campo de exterminio, mientras que ayer dijo en La Noria que su experimento no obtuvo ningún resultado.

En la guerra por las audiencias, no entiendo que ninguna cadena de televisión haya preparado un programa de denuncia sobre el timo de los médiums para sacar los colores a la competencia. Aunque, claro, me imagino que, con la cobertura cañí de la visita de Michelle Obama y el seguimiento rosa al portero de la selección de fútbol y su novia, los equipos de investigación de los canales de televisión españoles no habrán tenido tiempo para tonterías.