Contra el papanatismo

Portada de 'Los nuevos charlatanes', de Damian Thompson.“La barrera para convertirse en experto se sitúa tan abajo que el único requisito real es el talento para la autopromoción”, dice Damian Thompson sobre los vendedores de dietas milagrosas en Los nuevos charlatanes. La sentencia puede ampliarse a cualquier campo del contraconocimiento, desde la pseudohistoria hasta la medicina alternativa, pasando por el conspiracionismo, los ovnis y los peligros de la telefonía móvil. Periodista y sociólogo de la religión, Thompson es el niño que alerta en el cuento de que el emperador está desnudo. Nos avisa en este ameno ensayo del peligroso auge de una industria que explota la pseudociencia en su beneficio, en contra del conocimiento científico, y a veces con riesgo para nuestras vidas y la democracia.

Supe de esta obra gracias al historiador José Luis Calvo. Me la recomendó diciéndome que se trata de uno de los pocos libros escépticos publicados en España en los últimos años que ha encontrado interesantes. Destacaba, entre los argumentos a favor de Los nuevos charlatanes, que el autor le hincaba el diente a la pseudohistoria y, en particular, a Graham Hancock y al libro 1421: el año en que China descubrió el mundo, de Gavin Menzies. Sinceramente, Hancock siempre me ha parecido un plomazo y las lucubraciones de Menzies, sinsentidos, pero Thompson se ha molestado en desmontar tanto los artificios del primero y otros pseudoarqueólogos como los del segundo. A pesar de esto, para mí el principal logro del autor es otro, poner en el objetivo a los auténticos culpables del auge del contraconocimiento: los empresarios de la comunicación y la edición. Sin ellos, el charlatán más avispado sería un don nadie; con ellos, un experto acaba convirtiéndose en la referencia para miles e incluso millones de personas.

La guerrilla de las bitácoras

El papanatismo que nos rodea tiene en este libro un magnífico antídoto con una salvedad, la de la religión, como me advirtió Calvo en su momento. Thompson, editor en jefe del Catholic Herald, considera que las creencias religiosas no han de juzgarse con las herramientas de la razón, como el resto de pensamiento mágico. “Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento. Si uno afirma que el Espíritu Santo le ha curado un cáncer, eso tampoco es contrastable; nadie puede demostrar que Dios no estuviera detrás de los procesos naturales o médicos que llevaron a su curación”, dice, invirtiendo tramposamente la carga de la prueba. Porque, cuando alguien sostiene que algo existe, es ese alguien quien debe demostrarlo, no el resto quien tiene que demostrar que ese algo no existe. Y lo mismo vale respecto a la mano de Dios en cualquier proceso natural o artificial. Es el borrón en un libro recomendable.

Thompson hace, además, en el último capítulo una llamada a la acción en Internet, un campo en el que también los anglosajones sacan años luz de ventaja a los escépticos hispanohablantes. “En el último par de años el contraconocimiento ha demostrado ser sorprendentemente vulnerable a los ataques de guerrilla de la bitacosfera. Los defensores independientes de la verdad empírica, armados hasta los dientes de datos sólidos, han organizado emboscadas devastadoras contra los curanderos y embaucadores que han penetrado demasiado en el dominio público”, indica. Y cita cuatro sitios de Internet que, a su juicio, “han hecho absolutamente miserables las vidas de las celebridades de la pseudociencia” porque “las reputaciones son fáciles de dañar en un mercado ferozmente competitivo, y la gente tiende a disfrutar del espectáculo de la humillación de opulentos y altivos gurús de la salud”.

Damian Thompson [2008]: Los nuevos charlatanes [Counterknowledge. How we surrendered to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history]. Traducción de Joan Lluís Riera. Ares y Mares. Barcelona 2009. 223 páginas. 18,5 €.