Ardi no es el ancestro humano más antiguo conocido: el periodismo se vuelve a estrellar con la ciencia

Ardi. Recreación: J.H. Matternes.Ardi no es el ancestro humano más antiguo conocido. Da igual que lo hayan leído en la Prensa, escuchado por la radio o visto en la televisión. Quien diga eso o no se ha leído ni siquiera la nota de prensa del hallazgo –aquí la tienen en español– o no la ha entendido, además de ignorar los avances en el estudio de nuestros orígenes de casi dos décadas. Ardipithecus ramidus, especie de la que ayer se presentó en la revista Science el fósil más completo conocido -el esqueleto de una hembra-, vivió en África hace 4,4 millones, bastante después de la separación de los linajes del hombre y el chimpancé, que la genética sitúa entre hace 6 y 7 millones de años. Además de su valor científico, Ardi puede ser un fósil que con el tiempo alcance tanta o más importancia simbólica que la pequeña Lucy, cuyos huesos, por cierto, tuve oportunidad de ver hace dos semanas en Nueva York.

Los restos de Lucy, una Australopithecus afarensis, fueron descubiertos en Etiopía por Donald Johanson en 1974. Demostraba que ya hace 3,2 mllones de años había en África primates que caminaban erguidos, es decir, homínidos. Diecinueve años después, el equipo del paleoantropólogo Tim White encontró, también en Etiopía, huesos de un homínido muy primitivo, al que bautizó como Ardipithecus ramidus y que vivió hace 4,4 millones de años. Ardi forma parte de esta especie. Era una hembra, que pesaba alrededor de 50 kilos y medía unos 120 centímetros de altura. Del estudio de sus restos -la mayor parte del cráneo, manos, pies, extremidades y pelvis-, White y sus colaboradores deducen que ya no podemos considerar al último ancestro común de chimpancés y homínidos -que vivió millones de años antes- más parecido a los primeros que a los primeros de los segundos.

En los últimos diecisiete años, los hallazgos de restos de homínidos más antiguos que Lucy han llegado varias a las primeras páginas de los periódicos. El más célebre es Toumaï, que vivió en lo que hoy es Chad hace entre 6 y 7 millones de años, fue bautizado científicamente como Sahelanthropus tchadensis y presentado al mundo en 2002; un año antes, Brigitte Senut dio a conocer los restos de Orrorin tugenensis, también conocido como El hombre del milenio y de unos 6 millones de años de antigüedad; y no podemos olvidar el hallazgo del también anterior Ardipithecus kadabba. Este saber no es esotérico, en el sentido de oculto. Está a alcance de cualquiera en los libros de divulgación científica sobre nuestros orígenes y, para contextualizar las extraordinarias conclusiones del estudio de Ardi, lo recordaba ayer Ann Gibbons en las páginas de Science, en un artículo que incluye un gráfico que, por lo que se ve, tampoco casi ningún periodista ha visto:

La evolución de los homínidos. Gráfico: 'Science'.

Titulado Fósiles de la familia humana, el gráfico deja claro que Ardi no es el más antiguo y que le preceden Sahelanthropus, Orrorin y A. kadabba. Además, al pie se lee: “Rellenando un hueco. Ardipithecus es un enlace entre los primeros homínidos y los posteriores, como se ve en esta línea temporal que muestra los fósiles y taxones homínidos más importantes”.

Y, sin embargo, los medios han titulado: “El antepasado más antiguo del hombre no era como los monos actuales”, “El mundo da la bienvenida a Ardi, nuestro antepasado más antiguo”, “Ardi, el antepasado de la familia humana más antiguo que se conoce”, “Presentada ‘Ardi’, el ancestro humano más antiguo conocido”, “‘Ardi’ releva a ‘Lucy’ como el ancestro común de humanos y grandes simios”, “Antes de ‘Lucy’ fue ‘Ardi’, el ancestro común del hombre y el chimpancé”