El fraude de Iruña-Veleia

Iruña-Veleia ha entrado por fin hoy en la historia de la ciencia. Pero lo ha hecho por la puerta de atrás. Un equipo de arqueólogos dirigido por Eliseo Gil presentó a la prensa en junio de 2006 las más antiguas inscripciones en euskera y el primer Calvario de la Historia, grabados en fragmentos de cerámica de los siglos III y IV desenterrados en ese lugar. Decían tener las pruebas que confirmaban tan extraordinarias afirmaciones. Ahora, el comité de expertos que ha estudiado durante meses las piezas del yacimiento alavés ha dictaminado que no hay pruebas que avalen lo sostenido por Gil y sus colaboradores. Aunque el informe no se ha hecho todavía público, he conseguido alguna información sobre su contenido.

Los arqueólogos trabajan en el yacimiento alavés de Iruña-Veleia. Foto: Iosu Onandia.

Especialistas de diferentes disciplinas científicas han presentado hoy durante cinco horas a la diputada de Cultura de Álava, Lorena López de Lacalle, las conclusiones de su trabajo sobre los restos de Iruña-Veleia. Uno a uno, los expertos se han pronunciado en la misma línea: los grabados en euskera y religiosos no son del siglo III o IV. “El dictamen ha sido unánime”, me ha explicado un asistente a la reunión. Los estudiosos deducen, a partir de los resultados de análisis químicos y otras pruebas, que los grabados en lengua vasca y con motivos religiosos son recientes, posiblemente tanto que no puede descartarse que fueran hechos poco antes de su hallazgo. El euskera no es posible que sea el de la época -“es imposible”- y la iconografía cristiana tampoco, según los estudiosos, ninguno de los cuales ha admitido la mínima posibilidad de autenticidad.

“Los descubrimientos del yacimiento alavés parecen demasiado buenos para ser ciertos, pero eso no quiere decir que no lo sean”, escribía aquí mismo hace dos años. Comparaba entonces el proceder de los investigadores alaveses, corriendo a la prensa a informar del hallazgo en vez de darlo a conocer antes en las publicaciones especializadas, con el de los químicos Martin Fleischmann y Stanley Pons, los descubridores en 1989 de la fusión fría que nunca fue. El tiempo y los expertos han demostrado ahora que los extraordinarios Calvario y grabados en euskera de Iruña-Veleia merecen tanto crédito como la fusión fría.

Fotografía del fragmento de cerámica con el supuesto primer Calvario.Quedan muchas incógnitas. Entre otras, la autoría del engaño. Igual nunca se conoce, pero lo que sí sabe todo el mundo ya es que la arqueología alavesa podía haber evitado su segundo sonrojo en menos de veinte años si los excavadores de Iruña-Veleia hubieran procedido correctamente y no hubieran acudido a los medios de comunicación con afirmaciones extraordinarias y sin pruebas. El informe que ha recibido hoy la Diputación alavesa -firmado por químicos, físicos, filólogos, historiadores del arte…- tenían que haberlo encargado Gil y su equipo hace dos años, antes de dar a conocer al mundo un hallazgo tan espectacular. Estamos ante una demostración palmaria de ciencia patológica y, como tal, pasará Iruña-Veleia a los libros de historia de la ciencia.

Este fraude es, además, el segundo de la arqueología alavesa en menos de veinte años. El anterior fueron las pinturas rupestres de la cueva de Zubialde, bendecidas por la plana mayor de la antropología vasca a instancias del poder político a principios de los años 90 y cuyo carácter fraudulento fue descubierto poco después. Esperemos que en el caso de la arqueología alavesa haya dos sin tres.