Los extraterrestres más españoles

El platillo volante de San José de Valderas.Los extraterrestres están entre nosotros desde el 28 de marzo de 1950. Aquel día, una oawolea uewa oem -nave lenticular, en el idioma de sus ocupantes- aterrizó en el departamento francés de los Bajos Alpes, a unos 8 kilómetros del pueblo de La Javie. Seis de los expedicionarios se quedaron en la Tierra para mezclarse entre nosotros y estudiarnos. Los científicos alienígenas procedían del planeta Ummo, en órbita alrededor de la estrella Wolf 424, y llevaron su misión en secreto hasta que decidieron presentarse al mundo mediante cartas dirigidas a un grupo de aficionados españoles a los platillos volantes.

Fernando Sesma decía mantener contacto con seres de otros mundos y lideraba en Madrid desde 1954 la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio BURU. El grupo mantenía una tertulia en el sótano del Café Lion, un local conocido como La Ballena Alegre que es hoy el almacén de una taberna irlandesa. En 1966, después de una llamada telefónica de un supuesto extraterrestre, Sesma comenzó a recibir cartas de los ummitas y a leerlas en las reuniones semanales del grupo. Así nació el que fue durante tres décadas el más grande de los misterios de la ufología española.

“No nos crean”

Frente al mesianismo de otros extraterrestres -que llevaban alertando del peligro nuclear desde que Klaatu lo había hecho por primera vez en la película Ultimátum a la Tierra (1951)-, los textos ummitas abarcaban un amplio espectro de disciplinas, y sus autores insistían una y otra vez en que no se les creyera. “Esto es lo único que postulamos: no nos crean. Acojan con desconfianza estos conceptos. No los divulguen por ahora en los medios de comunicación de masas. Muéstrense incluso escépticos ante los oemii -hombre, en ummita- no familiarizados con su ciencia (la que analiza los hechos), pero no destruyan estas hojas impresas. Con algunos millares más distribuidos secretamente, constituyen el precedente histórico de las relaciones primigenias entre nuestras dos redes homínidas”, decían en una de sus primeras misivas.

Los visitantes eran de apariencia nórdica, sufrían de atrofia de los órganos del habla y tenían capacidad de ver a través de la piel en manos y muñecas. En los mensajes, hablaban de su avanzadísima ciencia, organización social y filosofía. La confirmación de su presencia en nuestro planeta fue la aparición de un platillo volante que el 1 de junio de 1967 sobrevoló el barrio madrileño de San José de Valderas con el símbolo ummita en la panza, una escena inmortalizada en varias fotografías. El avistamiento era un caso perfecto, según Antonio Ribera, el entonces más reputado experto nacional en platillos volantes. Demostraba que tras las cartas ummitas no había una broma, sino inteligencias de otro mundo. Era lo que en 1979 todavía pensaba Fernando Jiménez del Oso: “Con un poco de suerte, confío dentro de poco entablar contacto personal con seres de Ummo”.

Para tranquilidad de la España nacionalcatólica de los años 60, los exploradores alienígenas creían en la divinidad (woa). Esa bendita coincidencia fue explorada por el sacerdote sevillano Enrique López Guerrero en Mirando a la lejanía del Universo (1978), libro en el cual defiende que Dios se ha encarnado sólo una vez, pero su sacrificio como Jesús en el Gólgota ha servido para liberar del pecado a todos los seres inteligentes del Universo, incluidos los ummitas. Las conclusiones del clérigo andaluz hicieron que el misterio de Ummo traspasara en 1968 nuestras fronteras, aunque la comunidad ufológica internacional no se lo llegó a tomar nunca en serio.

Perdidos en Ummo

Algunos ummologos calculan que la correspondencia de los visitantes abarca unas 6.000 páginas; pero no hay constancia real de más de 1.000, a partir de los cuales ha habido quien ha elaborado un diccionario español-ummita. Ha quedado claro, además, que el, según Ribera y otros, extraordinario contenido intelectual de los informes tampoco es tal. “Los documentos nunca ofrecieron algo realmente novedoso. Por ejemplo, las teorías cosmológicas podrían derivarse de los trabajos de Arthur Eddington, y el material restante resultaba fácil de obtener en las revistas científicas de la época”, asegura el estudioso escéptico Luis R. González, para quien “el verdadero misterio es por qué tantas personas creyeron en ellos durante tanto tiempo”. Porque toda la historia fue un engaño.

Los ummitas y sus informes fueron creaciones del psicólogo industrial José Luis Jordán, uno de los participantes en la tertulia de Sesma. El sector más sensato de la ufología española le había identificado como autor del montaje ya en los años 70, aunque no fue hasta su confesión por escrito en 1993 cuando el globo reventó. Jordán, ex vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología, había tomado el pelo no sólo a sus contertulios, sino también a algunos de los más conocidos ufólogos españoles, que nunca se lo han perdonado. ¿Por qué lo hizo? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Cabe la posibilidad de que se tratara de una broma que se le fue de las manos o de una venganza por algún tipo de ofensa.

Lo que ha sobrevivido en la cultura popular ha sido el símbolo pintado en la panza de la maqueta de platillo volante que había literalmente colgado de hilos para las fotos de San José de Valderas. Es el mismo )+( estampado en las misivas enviadas por los ummitas y que algunos ufólogos han considerado desde entonces una prueba de la autoría extraterrestre de las cartas, no se sabe muy bien por qué. Fue el símbolo con que los líderes de la secta española Edelweiss marcaron a fuego en la axila a los menores con los que mantenían relaciones sexuales. Es el que Juliet Burke, una de Los Otros, nos descubre grabado en un árbol en el decimosexto episodio de la tercera temporada de la serie Perdidos.


La revista

Cuadernos de Ufología: Es la mejor revista en español sobre ufología. Ha diseccionado el misterio de Ummo y otros presuntos enigmas vinculados a la creencia en los platillos volantes. La edita la Fundación Anomalía.

Publicado originalmente en el diario El Correo.