Lección jurídica contra el ‘conspiracionismo’

El País publica hoy uno de esos trabajos que le reconcilian a uno con la profesión en estos tiempos de periodismo de los Serrano, cuando priman el escándalo, el sensacionalismo, la superficialidad, la frivolidad, la incultura, el peloteo… José Manuel Romero desmonta, en el reportaje “La fábrica de una mentira”, la teoría de la conspiración sobre los atentados de Madrid urdida desde el Partido Popular, el diario El Mundo, la Cope y Telemadrid. El texto no tiene desperdicio y demuestra la desvergüenza e indecencia de los implicados, algunos de los cuales llevan días advirtiendo de que donde dijeron digo dijeron Diego. Y en uno de los apoyos, “Doctrina jurídica contra las patrañas”, Romero llama la atención sobre tres párrafos de la sentencia del 11-M que él une en uno y que yo traslado aquí tal como aparecen en el fallo judicial:

“El argumento es falaz y parte de premisas falsas, con lo que la conclusión es, necesariamente, errónea.

Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato -se descontextualiza- y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos -prueba- que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia”. (Punto I. 2.1 de los Fundamentos jurídicos.)

“Toma un dato aisladamente -la ausencia de él, en este caso- para, omitiendo cualquier otro que lo explique, elucubrar sobre hipótesis puramente imaginativas, pues carecen del más mínimo sostén probatorio”. (Punto I. 2.1.1 de los Fundamentos jurídicos.)

¡Qué magnífica explicación da el tribunal sobre cómo se fabrican conspiranoias, desde la de que el hombre no llegó a la Luna hasta la de los atentados del 11-M!

José Luis Zubizarreta, por su parte, avisa en “Se entiende todo”, su artículo de opinión de El Correo, de que los conspiranoicos del 11-M no cejarán en su empeño:

“No creen en la teoría de la conspiración que ellos mismos han fabulado, pero saben que a la gente le gustan las conspiraciones. Por qué dar, entonces, por cerrado un caso, si lo que a la gente le va es seguir buscando a los culpables más inverosímiles que imaginarse pueda. Hay muchos que creen que el hombre nunca pisó la Luna. En ellos tienen puesta su esperanza los autores de la teoría conspirativa”.

No me cabe la menor duda de que quienes han defendido desde algunos medios y tribunas políticas la existencia de una conspiración en los atentados de Madrid lo han hecho por intereses crematísticos y políticos, y de que seguirán haciéndolo porque hay un público afecto a ese tipo de montajes. Si no, que se lo pregunten a los periodistas que han escrito libros sobre los atentados del 11-S y del 11-M siguiendo el manual de instrucciones denunciado por los jueces en la sentencia de los ataques de 2004: han encontrado en la invención de conspiraciones un filón que antes les había sido esquivo vendiendo otras patrañas.