En Fátima, la gente enferma y se muere

Dos peregrinas caminan hacia el santuario de Fátima. Foto: Efe.

Más de un millar de personas han sido atendidas por los servicios médicos en el santuario portugués de Fátima este fin de semana, y de ellas un centenar han tenido que ser evacuadas a centros sanitarios, durante los actos conmemorativos del 90º aniversario de las supuestas apariciones de la Virgen María a tres pastorcillos. Uno de los peregrinos, un ciudadano español de 80 años, murió el sábado antes de ingresar en el hospital Santo André.

Fátima, como otros santuarios marianos, es famoso por sus curaciones milagrosas, demostradas sólo a ojos de la Iglesia. Que yo sepa, nadie ha dejado tiradas allí prótesis de brazos y piernas, por ejemplo, y ha vuelto a casa con el nuevo miembro crecido por la gracia divina. Ese tipo de curación convencería hasta al más incrédulo y evitaría los habituales informes médicos de más que dudoso rigor, pero no se ha dado hasta ahora ni en éste ni en otros lugares de culto.

Lo de este fin de semana, sin embargo, va más allá. No sólo es que no haya curaciones milagrosas, es que en Fátima la gente enferma y se muere. Y todavía habrá quien se gaste el dinero en peregrinar al lugar con la esperanza de curarse de cualquier cosa, para fortuna de las agencias de viajes y de los comerciantes locales.