El cometa de la muerte

EN MASA. Sanitarios meten los cuerpos de los suicidas de la Puerta del Cielo en un camión frigorífico en Rancho Santa Fe. Foto: AP.

Richard Ford, diseñador de páginas web en una empresa de Los Ángeles (California, EE UU), recibió en la noche el 25 de marzo de 1997 un paquete por mensajería. Contenía dos cintas de vídeo y una nota que decía: “Cuando leas esto, nos habremos despojado de nuestros contenedores”. Contenedor era la palabra que los remitentes usaban para referirse al cuerpo. A la mañana siguiente, Ford entró en el despacho de su jefe, Nick Matzorkis, y le contó que una cuarentena de miembros de una secta a la que había pertenecido se habían suicidado. “Le pregunté si estaba seguro. Me dijo que al 100%”, explicaba el empresario horas después en la CNN.

Cuerpo de uno de los suicidas cubierto con el sudario. Foto: AP.Los dos hombres viajaron en el Lexus de Matzorkis hasta Rancho Santa Fe, a dos horas de Los Ángeles y cerca de San Diego. Cuando llegaron a la mansión del grupo, el ex adepto, de 43 años, entró solo. “Lo han hecho”, dijo al salir. “¿Qué?”, le preguntó su compañero de viaje. “Han abandonado sus contenedores. Se han suicidado”. La Policía encontró -tendidos en camas, colchones y sofás- los cuerpos de 39 personas vestidas de negro y con sudarios morados sobre el pecho y el rostro. Habían tomado un cóctel de fármacos dentro de un ritual para ascender a otro plano espiritual en la nave extraterrestre que, según ellos, viajaba oculta en la cola del cometa Hale-Bopp, el espectáculo celeste de 1997.

Una larga gestación

Una tragedia así puede repetirse en cualquier momento, a juicio de James R. Lewis, del Departamento de Filosofía y Estudios Religiosos de la Universidad de Wisconsin. Aunque las 21 mujeres y los 18 hombres de la Puerta del Cielo -como se llamaba la secta de Rancho Santa Fe- profesaban una ensalada de creencias típica del movimiento de la Nueva Era, el experto considera que la naturaleza del credo es algo secundario. “La clave son los factores psicológicos y sociológicos. Las características esenciales de un grupo suicida son: la intolerancia con las visiones disidentes, el compromiso total de los miembros; la exagerada paranoia sobre amenazas externas, el aislamiento del líder o del grupo respecto a los no creyentes, la salud del líder en declive o su creencia de que se está muriendo, la falta de un sucesor, y la convicción de que el grupo no tiene esperanzas de crecimiento futuro”.

El final de Marshall Herff Applewhite (Spur, Texas, 1931), líder de la secta de la Puerta del Cielo, y los suyos conmocionó a la opinión pública estadounidense por ser el mayor suicidio en masa ocurrido en el país y algo que se había gestado durante décadas a la vista de todos. El detonante original de la tragedia fue el despido en 1970 de Applewhite como profesor de Música de la universidad católica de Santo Tomás, en Houston, por mantener relaciones sexuales con un alumno. La vida del hombre, que había cantado varias veces en la Gran Ópera de Houston -donde fue el estudiante Wagner en un Fausto protagonizado por Plácido Domingo-, se fue abajo.

Panfleto de una charla de Applewhite y Nettles.Cayó en una depresión, empezó a escuchar voces y en 1972 ingresó en un psiquiátrico para que le curaran la homosexualidad. Allí conoció a una enfermera, Bonnie Lu Trousdale Nettles, que le introdujo en un nuevo universo de creencias. Era astróloga, pertenecía a la Sociedad Teosófica de Houston y participaba habitualmente en sesiones espiritistas. Applewhite abandonó a su esposa y sus dos hijos, y se unió a la enfermera. Platónicamente, porque él se sentía culpable de su homosexualidad y quería desarrollarse como persona sin el sexo, algo que luego exigió a sus adeptos: algunos de los hombres muertos en Rancho Santa Fe estaban castrados.

A mediados de los años 70 del siglo pasado, Applewhite y Nettles empezaron a ser conocidos como Bo y Peep, Do y Ti, o simplemente Los Dos. Con esos nombres se presentaban en las charlas sobre ovnis que daban, en las que explicaban que eran extraterrestres que, veinte años antes, se habían introducido en dos cuerpos humanos. El siguiente nivel de la evolución, el Cielo del Padre, era un paraíso al que se podía viajar en una nave espacial, según su doctrina cristiano-ufológica. Para ello, sus seguidores tenían, entre otras cosas, que convertirse en seres asexuales. Según el sociólogo Robert W. Balch, que se infiltró en el grupo, Bo y Peep llegaron a tener 200 correligionarios en sus mejores tiempos.

En la cola del Hale-Bopp

EL LíDER. Marshall Appplewhite, en uno de los vídeos de 1997. Foto: AP.El grupo sobrevivió a la muerte de Nettles en 1985 a causa de un cáncer. En 1997, sus miembros -de entre 20 y 72 años- vivían de una empresa de servicios informáticos que diseñaba páginas web. Cuando el cometa Hale-Bopp apareció en el cielo, asumieron que, escondida en su cola, se acercaba la nave espacial en la que ascenderían. El astro fue visible a ojo desnudo durante dieciocho meses y en su máximo acercamiento a la Tierra, el 1 de abril de 1997, su brillo superó todas las previsiones. Seis días antes, Applewhite y sus seguidores decidieron quitarse la vida, desprenderse de sus contenedores para montar en la nave extraterrestre. Alan Hale, el astrónomo codescubridor del cuerpo celeste, había escrito meses antes del suicidio masivo un artículo sobre “La locura del cometa Hale-Bopp”, en el que advertía del peligro de la amplia aceptación por el gran público de la idea del platillo volante y otras afirmaciones disparatadas.

Habitante del Reino del Cielo, según los miembros de la secta de la Puerta del Cielo.“Recuerdo una conversación que tuve con otro astrónomo algún tiempo antes. Él dijo que probablemente habría suicidios en torno al Hale-Bopp, y yo estuve de acuerdo. Por eso el incidente de la Puerta del Cielo no me sorprendió tanto como a otros”, explica Hale desde su oficina de Nuevo México. El astrónomo era ya famoso -había descubierto el cometa el 23 de julio de 1995- y la tragedia de Rancho Santa Fe le puso en el objetivo de los medios. Recuerda que recibió la noticia “con desesperación” y teme que las creencias de la Nueva Era se cobren en cualquier momento más víctimas. “Hay demasiada gente muriendo y matando por sus ideas religiosas, sean las que sean, como para creer que este tipo de fenómenos va a desaparecer”.

Tras el suicidio colectivo, varios periódicos y revistas estadounidenses destacaron que el líder del grupo estaba muriéndose de cáncer, que le quedaban unos meses de vida y que ésa fue la razón de la tragedia. Los forenses no encontraron, sin embargo, ni rastro de cáncer cuando le practicaron la autopsia. Diez años después, hay vídeos de Applewhite colgados de Google Video y YouTube, y la web de la Puerta del Cielo sigue accesible, con textos que recogen lo que pensaban los miembros de la secta poco tiempo antes de acabar con sus vidas. Ahí puede leerse, por ejemplo, como estaban preparados para suicidarse si era necesario, como en septiembre de 1996 creían que el final estaba cerca y cuál era la apariencia de “un miembro del Reino del Cielo”: la de un extraterrestre gris cabezón vestido con un mono al estilo de Star trek.


Una homosexualidad reprimida

“Fue claramente la reacción social hacia su homosexualidad la que hizo a Marshall Applewhite en principio desviarse de una vida normal y le puso en la senda que llevaría a la tragedia de la Puerta del Cielo. Más allá de la reacción social, no creo que pueda hacerse ninguna conexión entre los problemas sexuales de Appplewhite y el suicidio en masa del grupo”, argumenta James R. Lewis.

Appplewhite, en una ficha policial de 1974.Eran otros tiempos. Hasta 1974, la Asociación Psiquiátrica Americana mantuvo la homosexualidad en la lista de desórdenes mentales, algo que ahora sostiene una minoría de expertos. Applewhite hubo de enfrentarse a un mundo que veía sus tendencias sexuales como una enfermedad y cuando su vida se arruinó, al ser despedido de la Universidad de Santo Tomás, se volcó en borrar el sexo de su realidad cotidiana hasta el punto de recurrir a la castración, medida que también tomaron algunos de sus adeptos, y prohibir el sexo a sus seguidores.

Cuando la Policía entró en la mansión del grupo, hoy hace diez años, no pudo diferenciar a primera vista cuántos de los muertos eran hombres y mujeres. El humano ideal de Applewhite era un ser asexuado y así modeló a su gente.


Suicidios colectivos a finales del milenio

900 MUERTOS. Los suicidas del Templo del Pueblo. Foto: AP.“Los suicidios de la Puerta del Cielo ocurrieron durante una sucesión de incidentes violentos que involucraron a religiones no tradicionales a mediados de los años 90: los Davidianos, el Templo Solar y la Verdad Suprema“, apunta James R. Lewis, editor del libro The gods have landed. New religions from other worlds (Los dioses han aterrizado. Nuevas religiones de otros mundos), publicado en 1995 por la Universidad de Nueva York.

El mayor suicidio colectivo hasta ahora registrado ocurrió el 18 de noviembre de 1978 en Guayana. Más de 900 personas se quitaron la vida y fueron asesinadas por orden del reverendo Jim Jones, líder de la secta Templo del Pueblo y amigo de la mujer de Jimmy Carter. El grupo, de origen estadounidense, había fundado la colonia, bautizada como Jonestown, en 1973 y pronto empezó a haber problemas por la actitud tiránica de Jones. Para investigar los hechos, viajó Leo Ryan, congresista de California. Fue asesinado por los adeptos de Jones, quien al día siguiente ordenó la masacre.

Más recientemente, y ya con el final del milenio cerca, la Orden del Templo Solar se cobró la vida de 74 personas en Canadá, Francia y Suiza, entre el 30 de septiembre de 1994 y el 22 de marzo de 1997. La secta era un grupo apocalíptico liderado por el homeópata belga Luc Jouret, que murió en uno de los suicidios colectivos. La Policía descubrió que varias víctimas habían sido asesinadas.

Lewis afirma que los suicidios de la Puerta del Cielo, el Templo del Pueblo y la Orden del Templo Solar responden a un patrón en el que no encajan los incidentes protagonizados por los Davidianos y la Verdad Suprema. Más de cien davidianos murieron en 1993 en un incendio durante el ataque de fuerzas del Gobierno de EE UU a un rancho de la secta. La Verdad Suprema protagonizó en 1995, por su parte, un atentado terrorista contra el metro de Tokio con gas sarín, a consecuencia del cual murieron 12 personas y hubo 6.000 heridos.

Publicado originalmente en el diario El Correo.