Sida y periodismo: la cara y la cruz

Fermín Apezteguia, en la presentación de su libro ' Ahora que te tengo', con el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán. Foto: Maite Bartolomé.

“El sida es para los jóvenes de hoy un gran desconocido”, me decía hace unos días Fermín Apezteguia, compañero de El Correo -compartimos mesa desde hace un lustro- y autor de Ahora que te tengo, un libro sobre la historia de la enfermedad en nuestro país que ha editado la Fundación Wellcome España. Se trata de un gran reportaje en el que Fermín nos acerca a la pandemia a través de los ojos de 65 afectados, familiares, médicos e investigadores, y en el que conjuga perfectamente las historias humanas con la información científica. El libro fue el lunes elogiado en Bilbao por la secretaria del Plan Nacional sobre el Sida, Lourdes Chamorro, y el consejero de Sanidad del Gobierno vasco, Gabriel Inclán, quienes destacaron su rigor científico y alabaron, al mismo tiempo, su “claridad” y “cercanía” a los protagonistas de la ya larga historia del sida. Inclán y Ángel Arnedo, director de El Correo, hicieron hincapié, además, en el papel desempeñado por los medios de comunicación a la hora de hacer frente a la pandemia. “Los medios han luchado contra el sida de una forma directa”, sentenció el consejero.

Ahora que te tengo recuerda un pasado reciente en el que ser seropositivo era estar condenado a muerte, refleja un presente en el que el virus del sida provoca ya en Occidente sólo una enfermedad crónica y mira hacia el futuro con optimismo. “¿Hay motivos para la esperanza?”, le preguntaba a Fermín en su casa. “Hay muchísimos motivos para la esperanza -me respondía-. El sida es la enfermedad que en menos tiempo ha contado con más recursos terapéuticos. Los profesionales de la salud han visto cómo nace una enfermedad, cómo se desarrolla, cómo se convierte en una amenaza mundial y, en sólo quince años, cómo pasa a ser una dolencia crónica”. Fermín, como otros periodistas que cubren en España la información de salud, se indigna ante las promesas de curanderos y charlatanes, así como cuando la Iglesia católica predica falsedades sobre el sida. “Creo que la Iglesia ha contribuido a la expansión del VIH”, me decía durante la entrevista antes de añadir que hay que pedir a esa institución que “deje de transmitir ideas falsas, como que la abstinencia sexual previene el sida, que el virus se cuela por los poros de los preservativos…”.

Mentiras peligrosas

La divulgación de falsedades sobre el sida ha sido un buen negocio para publicaciones como Más Allá, que durante unos años abanderó en España el movimiento de los autodenominados disidentes del sida, individuos que sostienen que no es el VIH el causante de la enfermedad. Esa revista esotérica fue la portavoz de ese movimiento cuando la dirigía José Antonio Campoy, autor de un libro de conversaciones con un extraterrestre y al frente hoy de Discovery DSalud, publicación mensual que respalda todo tipo de tonterías en el ámbito médico. El mal que pueden hacer los disidentes del sida y sus seguidores está claro: extender la creencia de que el VIH no está en el origen del sida implica animar a la gente a relajar las medidas de protección que tan eficaces han sido a la hora de poner freno a la pandemia. ¿Por qué usar condones para evitar la transmisión sexual del VIH si éste no está detrás del sida?, ¿para qué buscar el virus en la sangre a transfundir?, ¿para qué…? Creía que esta disidencia era algo del pasado, propio hoy de grupos marginales; pero hete aquí que no. Leyendo El día de mañana, libro recién publicado del periodista Bruno Cardeñosa, me he encontrado con un capítulo dedicado al sida en el que el autor intenta sembrar dudas sobre la versión oficial, como ya hizo sobre la de la evolución de los homínidos y el 11-M. Es decir, desde la ignorancia y la desvergüenza.

'El día de mañana', de Bruno Cardeñosa.“¿Por qué no se plantean qué es el sida realmente? Si acudimos a las fuentes médicas y oficiales, el virus VIH es el detonante de la enfermedad. ¿Y cómo se determina que en realidad alguien es portador del mortal bichito? Pues realmente no hay una forma efectiva de afrontar la incógnita, porque para la OMS son una serie de factores externos (“pérdida de peso corporal de más del 10 por ciento, diarreas, fiebres, hongos laringáricos, prurito, herpes, etc.”) que si se dan en conjunto en una persona son sintomáticos del sida. En realidad, la famosa prueba del sida no hace más que medir si existen dichas enfermedades en conjunto porque, hasta el momento, en revistas científicas como el Journal of Virology nadie ha presentado las fotografías necesarias en el modo que se hace con todos los otros virus. Incluso existen agrupaciones críticas y disidentes que ofrecen una poderosa recompensa a quien atrape las pruebas gráficas necesarias del VIH. Nadie lo ha hecho aún; el premio está desierto”, escribe Cardeñosa en El día de mañana.

Este párrafo es un disparate, se mire por donde se mire. Para empezar, el autor confunde portar el “mortal bichito” con estar enfermo de sida. Ser seropositivo -haber sido infectado por el VIH- no es lo mismo que sufrir el sida. De hecho, pueden pasar años desde que uno resulta contagiado hasta que padece la enfermedad y cabe la posibilidad de que ésta nunca se declare si el paciente vive en un país desarrollado y toma la medicación prescrita por los médicos, no por los disidentes ni otros charlatanes. La prueba del sida – como se la conoce popularmente- no mide, como dice Cardeñosa, si existe algún tipo de enfermedad, sino si el VIH está o no en el cuerpo del paciente. Si la prueba detecta el virus, el paciente es seropositivo y podría llegar a desarrollar el sida; si no, no tiene que preocuparse, en lo que esta enfermedad se refiere. Cardeñosa no conoce ninguna foto del VIH porque ni se ha molestado en buscarla en Google: el virus del sida se fotografió por primera vez en 1985 y existen muchas imágenes de él. Claro que el periodismo responsable está en las antípodas de lo que practican este ufólogo reconvertido en conspiranoico y sus colegas. Sólo una cosa diferencia a individuos como Cardeñosa del espiritista que anuncia que va a contactar con John Lennon o de Levon Kennedy diciendo tonterías en El castillo de las mentes prodigiosas, que los primeros son mucho más peligrosos.

Las insensateces sobre el sida que alimenta el autor de El día de mañana y antes han propalado otros vendedores de misterios pueden llevar a mucha gente a bajar la guardia ante el virus por creerse la patraña de que el sida no está causado por el VIH. A ver, entonces, ¿qué lo causa?, ¿dónde están los artículos científicos que demuestran que miles de investigadores de todo el mundo están confundidos, que lo que ven en el laboratorio es mentira?, ¿cómo explican Cardeñosa y sus amigos que el VIH no cause el sida y que los fármacos diseñados para frenar el virus impidan, sin embargo, que se desate la enfermedad?