Playa de La Tejita, 1975: una historia alucinante

Una de las experiencias más alucinantes de la ufología española fue la que vivió un grupo de contactados en la playa tinerfeña de La Tejita hace treinta años. La contó por primera vez Juan José Benítez en su libro 100.000 kilómetros tras los ovnis (1978), la leí en su día y la he recordado ahora porque el 30 de julio murió de cáncer uno de sus protagonistas, el periodista canario Francisco Padrón. Tenía 70 años. Las necrológicas publicadas en la prensa citan su pasión por los ovnis y una de ellas -la de La Opinión– destaca que fue uno de los protagonistas de la primera abducción registrada en España. Los sucesos ocurridos en Tenerife en 1975 y las vivencias del grupo de contactados del que formaba parte Padrón no deben caer en el olvido ahora que se le recuerda como maestro de la investigación de fenómenos extraños (El País) y uno de los miembros de “la escuela básica de los investigadores del fenómeno ovni” con Fernando Jiménez del Oso, Antonio Ribera y Benítez (Diario de Avisos).

A mediados de los años 70, Padrón y sus compañeros tinerfeños de andanzas ufológicas usaban para contactar con los alienígenas la ouja, el tablero con el alfabeto sobre el que se mueve un objeto -en este caso, un vaso- por el poder de espíritus o de seres de otros mundos. Según le dijeron a Benítez, “lo del vaso -tal como lo vimos en aquellos primeros momentos- no parecía un sistema demasiado serio y científico”. A pesar de eso, ensayaron la técnica durante varios meses hasta que, en mayo de 1975, establecieron contacto con un extraterrestre muerto que se había estrellado con su nave en París hace más de 1.500 años -“cuando la gran capital francesa era sólo una aldea”- y que les pidió que rezaran por él al Absoluto. Sus siguientes interlocutores fueron los habitantes de Saturno, sólo una de las variedades de alienígenas que nos visitaban en sus platillos volantes: “También hay seres de Urano, de Plutón, de Marte, de Venus y de otros astros ajenos al Sistema Solar”, explicaron un día los saturnianos a sus interlocutores, que horas después vieron varias de las naves alienígenas cerca de Santa Cruz de Tenerife. El baile de marcianos no había hecho nada más que empezar.

Pronto se sumaron a la fiesta los habitantes de Urano, cuyo portavoz era una computadora que respondía al nombre de Opat-35 y que evitó que los contactados canarios fueran utilizados como conejillos de indias por los saturnianos. “Son científicos que no pertenecen a la Confederación de Mundos de la Galaxia y que sólo desean efectuar pruebas en vuestros cerebros”, indicó Opat-35 al grupo de Padrón antes de bloquear un encuentro en persona entre los terrícolas y los malvados vecinos de Saturno. El ansiado contacto no tardó, sin embargo, en producirse. Fue el 9 de junio de 1975 en la playa de La Tejita, donde Padrón, Emilio Bourgón y José Manuel Santos fueron transportados a un platillo volante de Urano en el que, durante 35 minutos, fueron sometidos a pruebas médicas por unos alienígenas que vestían uniforme blanco y ocultaban sus rostros detrás de unos cascos opacos. Lástima que, a pesar del convencimiento del trío respecto a la realidad de sus experiencias, las naves humanas que han visitado otros mundos del Sistema Solar no hayan detectado ni rastro de esa multitud extraterrestre que, según los contactados, vive en los mundos vecinos y está deseosa de entrar en contacto con nosotros.

Padrón tenía tendencia a creer en cualquier cosa disparatada. Era desde hace muchos años el apóstol de lo paranormal en Canarias y había ayudado a impulsar montajes como el del parque de las pirámides de Güímar. La seriedad de su trabajo estaba a la altura del de sus colegas ibéricos. Así, en febrero de 1988, publicó en Diario de Avisos -periódico en el que colaboró desde 1987 hasta su muerte- un artículo sobre un misterioso accidente aéreo ocurrido el 11 de diciembre de 1978, cuando cinco aviones militares estadounidenses se enfrentaron a un ovni submarino y éste derribó uno de los aparatos con sus “rayos extraños”. Padrón había extraído la historia de la obra Bases de ovnis en la Tierra, una novela escrita por Javier Esteban, un joven aragonés que había firmado el libro con el pseudónimo de Douglas O’Brien, un supuesto agente de la CIA que se había dedicado durante años” a combatir a quienes defienden haber visto naves procedentes de otros mundos”. Como otros ufólogos que se inspiraron en la novela de Esteban, Padrón vendió como real el relato del inexistente ataque al ovni submarino y ¡llegó a encontrar un testigo de los hechos!

Ésta son dos anécdotas de Francisco Padrón que minimizarán o pasarán por alto los panegíricos de rigor que publicarán las revistas esotéricas. Seguramente, el recuerdo del ufólogo irá en la línea de necrológicas como la de El País, cuyo autor, además de calificar al fallecido de maestro, destaca que le unía a Benítez y Jiménez del Oso “su rebeldía contra la negación oficial de estos fenómenos por parte de los Estados, a pesar de la existencia de numeroso informes secretos que evidenciaban lo contrario, tanto en España como en el resto del mundo”. Aquí, como siempre, les damos algunas claves diferentes, que pueden servirles para formar su propia opinión sobre el crédito que merecen los escritos de un hombre que hace treinta años entró en contacto con seres de otros mundos y que llegó a encontrar testigos de un suceso que nunca ocurrió.